En Miami aprendí a rendirme ante la tolerancia por Yasser Rojas

Calle 8En Miami escuché por vez primera la canción  “Puente” de Ricardo Arjona. La escuché una y otra vez, y no pude de dejar de lamentar, que no fuera un cubano su intérprete.

Y es que los cubanos necesitamos un puente y no precisamente para que los primos corran a abrazarse como se merecen, sino para transportar, a ambas orillas, la Tolerancia necesaria a nuestro pueblo.

Dicen algunos libros que la culpa de que los cubanos seamos intolerantes la tienen nuestros colonizadores. España no era República cuando se iba formando nuestra nacionalidad, y por muchas vías se filtró en Cuba el mal de la intolerancia, que los monarcas, la iglesia y los militares, habían ejercitado durante tanto tiempo en Europa y en sus colonias.

Quince días en Miami fueron jornadas intensas de escucha, observación y que me permitieron conocer una sociedad que antes me la habían pintado, descrito y hasta enseñado en videos, pero que no fue hasta ahora que pude comprender.

En el año 1959, con la llegada de la Dictadura del Proletariado en Cuba, el mal de la intolerancia se acrecentó, y es que sociedad civil y sociedad política se casaron para parir una militancia revolucionaria, que poco a poco se convirtió en el centro de la vida de todos los pobladores de la Isla.

Durante medio siglo, los cubanos de las dos orillas hemos sido víctimas de discursos de odio, que nos han dividido, convirtiendo a la prensa en trinchera de lucha contra la familia cubana en general.

Sin embargo, en el pueblo cubano de esta orilla no vi confrontación, descalificaciones, ni mafias, pero si conocí cubanos que añoran y aman la tierra en que nacieron, a pesar de que algunos sobrepasan la mitad de sus vidas fuera de ella.

También vi familias separadas, nostalgia, mucha nostalgia. Conocí cubanos que se inventan futuros diferentes todos los días; pero todo en el mismo escenario.

En Miami observé muchos “traidores a la Revolución”,  esos que si creyeron en el fin de la historia y se vinieron corriendo en los 90, y que hoy van sin ningún pudor a los medios de comunicación a seguir sembrando el odio y la hostilidad que aleja la reconciliación entre cubanos. Personas que a pesar de cambiarse de bando, conservan intacto su viejo desprecio a la opinión ajena, ahora bajo nuevos disfraces.

En Miami comprendí que la prensa cubana, donde trabajé por cinco años, no es la más veraz, ni la más justa, y mucho menos la más digna.

En Miami me convencí que los cubanos, en ambas orillas, debemos salir de la trampa de la resignación y el inmovilismo, y estamos obligados a enarbolar  las banderas de la tolerancia, como única vía para la reconciliación.

En Miami me convencí de la incapacidad que tenemos hoy los cubanos para asumir influencias nocivas, sin producir reacciones de rechazo, y que cada día que pasa es más necesario para nuestro pueblo, la libertad de expresar libremente sus opiniones.

En Miami me convencí que no sirvo para enemigo, y desde entonces aprendí, a rendirme ante la tolerancia…

Yasser Rojas Fuentes, febrero 2013

Portland, Oregon.

 

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One Response

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  1. Ira
    Abr 06, 2013 - 12:30 AM

    Hola,
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    Comunicate
    Saludos,
    Iradiel

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