“Bebo Valdés, no puedo ni quiero decirle adiós” por Luis Leonel León

Chucho y Bebo ValdesNunca pude escuchar en vivo a Bebo Valdés.

Me perdí esa suerte hoy innombrable con la que soñaba. Se había marchado mucho antes de que yo naciera.

Apenas comenzó la era de Fidel Castro, se alejó siguiendo el genuino impulso del amor, la música y la libertad. Se prometió no regresar hasta que las cosas cambiaran en su país. Y como otros tantos, murió sin que ocurriera.

Dicen que no pocos se sorprendieron cuando El Caballón (como le decían sus amigos) en la cúspide de la música cubana, abandonó la isla para ser el hombre más feliz del mundo tocando el piano en restaurantes de Estocolmo.

Construyó una nueva familia. Jamás pudo curarse del suave puñal de la nostalgia, pero se negó a enfermarse de melancolía. Estuvo un tiempo algo alejado de la música. Y a los 76 años regresó a las grabaciones y los famosos escenarios de la mano de Paquito D’Rivera a mediados de los 90, con Bebo Rides Again. Un disco que le revelara a muchos una música que ya existía. bebo discAlgo que ya era grande. Único. Especial.

El cineasta español Fernando Trueba, fanático del jazz y la música cubana, se enamoró de Bebo para siempre. Quizás fue quien lo redescubrió. Lo hizo aparecer en varias de sus ficciones y documentales.

Memorable es la escena de Calle 54 donde Bebo se reencuentra, después de varias décadas, con su hijo Chucho Valdés y antiguos amigos como Israel López Cachao y Patato Valdés, con quienes luego grabó El Arte del Sabor.

Después llegó el precioso Lágrimas Negras, con Diego el Cigala, también ganador del Grammy y discos de platino, llevando a todo el mundo una extraordinaria fusión de ritmos cubanos y flamencos. Para Trueba además trabajó en el documental El milagro de Candeal y le compuso la música para Chico y Rita, donde hay no pocas huellas e inspiraciones nacidas de su biografía.

bebo pianistaComo escasas veces suele suceder, Bebo retornó a la fama en la vejez. Y fue una suerte para él y para nosotros. Por la desinformación, la censura y el olvido, millones de cubanos desconocen que este maestro de la improvisación, seductor de las célebres descargas de jazz en la Habana de mediados del XX, fue el creador de un ritmo llamado La Batanga, que ya no se escucha.

En México Bebo fue director musical de Lucho Gatica. Y vistió de auténtica música las noches de Tropicana, cuando era un paraíso bajo las estrellas y no el fósil caricaturesco en que se convirtió después.

Su último disco se titula Bebo y Chucho Valdés, Juntos para siempre, donde padre e hijo viajan a dos pianos por los años, las composiciones, los sonidos, la música cubana que definió al padre y que iluminó al hijo.

Chucho se había ido a vivir con Bebo a Benalmádena, un pueblo de Málaga donde pasó los últimos tiempos de su vida hasta que hace poco retornara a Suecia.bebo sonrie

También un 22 de marzo, pero del 2008, murió el genial Cachao. Como diría un amigo: tal vez ahora mismo estén haciendo un dúo por algún lugar.

¡Me encantaría verlo!. Por lo pronto me quedo con la ausencia, como otras de similar raíz, de no haber asistido a ninguno de sus conciertos. Pero me niego rotundamente a decirle adiós.

Sus discos nunca han parado de escucharse en mi casa, ni dejarán de hacerlo.

Esa inmensa suerte nada ni nadie la podrá cambiar. Ahora mismo disfruto viendo sus largas manos acariciar las teclas. Sus ojos sencillos y particularmente profundos.

Su cálida expresión de humildad, sabiduría, talento, infinita alegría.

Luis Leonel León

Escritor y cineasta

Miami.

Fotos: Cortesía de Internet

 

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